¡Ay! o AI

¡Ay! o AI fcescxavier

“Yo planteo que en esta era de la interconectividad, gracias en parte a Internet, podemos imaginar millones de seres humanos y máquinas trabajando juntos. De ahí podría emerger una superinteligencia, una inteligencia colectiva mucho mayor que la de humanos y máquinas

Leer sobre inteligencia artificial tiene este raro efecto de entusiasmarte por momentos, sumirte en la perplejidad y soltar un lastimero ¡Ay!. Trabajar con escenarios de hasta un 80% de paro como lo están haciendo en el MIT. Buscar paralelismos del futuro con lo que supuso la era post revolución industrial, con la traumática asunción de los cambios que se producen en el hombre como ser social al verse obligado a aprender nuevas estructuras. Reflexionar si seremos capaces de sobrevivir en la disrupción. Todos escenarios hipotéticos son estimulantes más  aun cuando vivimos una aceleración constante que genera mundos tan distintos, separados por brechas culturales insalvables.

Me fascinan estos artículos que juegan con el desconcierto. Resulta difícil encontrar en ellos una respuesta pero a cambio te dejan muchas preguntas. La victoria de DeepMind sobre el mejor jugador del mundo de Go, un juego donde se posicionan piedras de un modo estudiado sobre un tablero considerado una de las cuatro artes esenciales de la cultura china de la antigüedad, de reglas al parecer simples pero de estrategia compleja, supuso un paso gigante en este aprendizaje de la máquina. Estas ya no se atreven con los patrones preestablecidos sino que aprenden de sus errores y compiten de alguna manera por no equivocarse para así evitar ser penalizada. Este maravilloso artículo aparecido en el país de Joseba Elola “La revolución de la inteligencia artificial” cuenta como Demis Hassabis, líder de DeepMind dijo que la máquina estaba cerca de imitar la intuición humana. Pero la pregunta es si será capaz de emular el error humano, ese carácter imprevisible de todo accidente que se produce tras un cúmulo de repeticiones. Esta voluntad por la perfección que acaba con un fallo. El hombre es preciso y certero en el error, ensaya como nadie la variación y flirtea continuamente con el fracaso a pesar de perseguir obstinadamente el éxito. En la maquina veo la ejecución perfeccionada, no sé si cabe la programación de lo imperfecto y si esta a pesar de miles de algoritmos no seguirá siendo un patrón de lo imperfectamente perfecto.

No sé porqué me viene a la mente “el carnaval del arlequín” de Miró. Cuenta el pintor que en este cuadro aparecen sus alucinaciones cuando se estaba muriendo de hambre. Pienso automáticamente en la Venus de Willendorf por la que el secretario del Vaticano, Cardenal Voiello siente fantasias sexuales, según la serie the Young Pope de Paolo Sorrentino. tecleo inmediatamente para no dejar caer otra idea que surge en una entrevista de Marguerite Duras a Francis Bacon:

No dibujo. Empiezo haciendo todo tipo de manchas. Espero lo que llamo «el accidente»: la mancha desde la cual saldrá el cuadro. La mancha es el accidente. Pero si uno se para en el accidente, si uno cree que comprende el accidente, hará una vez más ilustración, pues la mancha se parece siempre a algo. No se puede comprender el accidente. Si se pudiera comprender, se comprendería también el modo en que se va a actuar. Ahora bien, este modo en el que se va actuar, es lo imprevisto, no se lo puede comprender jamás: It’s basically the technical imagination: “la imaginación técnica”. Durante mucho tiempo, he buscado un nombre para esta forma imprevisible, con la que se va a actuar. Sólo he encontrado estas palabras: imaginación técnica.

Otra idea que rescato de la charla de David Vivancos, una interesante conferencia sobre AI, procede de una escena de video en el que Timo Boll, campeón del mundo de ping pong en el 2005,  se enfrenta a un brazo robot de KUKA Robotics. Este épico escena muestra como una máquina que ejecuta todo tipo de golpeos con precisión está apabullando al campeón humano. Todo normal hasta aquí, nada parece posibilitar un grieta de duda en la perfección hasta que empiezan a sucederse golpes que le obligan al jugador de carne y hueso a disculparse, la suerte o fortuna, lo que podríamos llamar errores se convierten en los golpes ganadores que derrotan al brazo inteligente robotizado. Nunca unos golpes fueron más esperanzadores y provocaron unos aplausos más sinceros.

Me atrae la idea de que en breve estaremos instalados en la disrupción y el cambio, o como dice Stephen Cave en el artículo antes citado “habrá que pensar en una vida menos lineal, más circular”.

Conectamos las ideas al leerlas y al recordar de alguna manera aquel efecto que se produce con respecto a otras que otro día vimos. Formamos parte de un todo que basta con activar para que produzca nuevos significados. Eso mismo hago con la cita que abre esta  entrada de la entrevista que Jorge G. García realiza a Amador Menéndez, investigador en el Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias https://retina.elpais.com/retina/2017/08/10/tendencias/1502362809_488733.html y el artículo que publica la revista wired https://www.wired.com/story/your-brain-is-memories/

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